1. Sacerdocio de la tribu de Sadoc

El sacerdocio Levítico era cambiable. Los sacerdotes iban y venían; vivían y morían. Pero el sacerdocio de Melquisedec (su nombre significa Rey de justicia) es inmutable, sus miembros vestidos con las vestiduras sacerdotales de un cuerpo “fijo” incorruptible.

Este sacerdocio fue simbolizado por el sacerdocio de Sadoc. El sacerdocio de Sadoc era una familia en Leví y por lo tanto parte del sacerdocio Levítico. Sadoc un sacerdocio fuera del sacerdocio, es la misma palabra que la última parte de Melquisedec y significa la misma cosa, justicia. Vemos estos dos sacerdocios en Ezequiel 44 y se nos dice específicamente la diferencia en su servicio.

“Y los levitas que se apartaron de mí cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras sus ídolos, llevarán su iniquidad. Y servirán en mi santuario como porteros a las puertas de la casa y sirvientes en la casa; ellos matarán el holocausto y la víctima para el pueblo, y estarán ante él para servirle. Por cuanto le sirvieron delante de sus ídolos, y fueron a la casa de Israel por tropezadero de maldad; por tanto;, he alzado mi mano y jurado, dice Jehová el Señor, que ellos llevarán su iniquidad. No se acercarán a mí para servirme como sacerdotes, ni se acercarán a ninguna de mis cosas santas, a mis cosas santísimas, sino que llevarán su vergüenza y las abominaciones que hicieron. Les pondré, pues, por guardas encargados de la custodia de la casa, para todo el servicio de ella, y para todo lo que en ella haya de hacerse. Mas los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel se apartaron de mí, ellos se acercarán para ministrar ante mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice Jehová el Señor. Ellos entrarán en mi santuario, y se acercarán a mi mesa para servirme, y guardarán mis ordenanzas” (Ezequiel 44:10-16).

Hay un ministerio que ministrará a la casa, al pueblo de Dios, pero hay otro sacerdocio más exaltado, el de Sadoc o Melquisedec, que se acercará a Dios y “Cuando salgan al atrio exterior, al atrio de afuera, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán otros vestidos, para no santificar al pueblo con sus vestiduras” (Ezequiel 44:19). Esto quiere decir que estos sacerdotes no estarán atados por la carne o limitaciones en ningún nivel. Ellos podrán aparecer físicamente ante el pueblo vestidos en carne y hueso y podrán quitarse aquello en que ministran ante el Señor, cambiando como quieran. De hecho, yo creo que ellos podrán estar en varios lugares a la misma vez, igual que Jesús. “Ninguno de los sacerdotes beberá vino cuando haya de entrar en el atrio interior” (Ezequiel 44:21). Este sacerdocio, diferente a los dones ministeriales que eran símbolos del sacerdocio Levítico, no beberán el vino de orgullo para exaltarse, por eso es la razón de las muchas pruebas efectivas de la cruz, lagos de fuego y otros tratos de Dios en sus vidas. El vino a menudo simboliza orgullo a través de las escrituras. Ha destruido a muchos hombres fuertes de Dios.

El sacerdocio de Sadoc era un sacerdocio justo, y Sadoc era un ministro piadoso que sirvió a Israel durante el reino de David. Y permaneció fiel a David en tiempos buenos y malos. La vida recta de Sadoc fue un ejemplo justo para todos los otros sacerdotes.

Veamos otra perpectiva de este sacerdocio, “Mas los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel se apartaron de mí, ellos se acercarán para ministrar ante mí… Ellos entrarán en mi santuario, y guardarán mis ordenanzas” (Ezequiel 44:15-16). En esencia, Dios está diciendo, “En los últimos días, tendré un ministerio de Sadoc, hecho de siervos según mi propio corazón. Y al contrario del sacerdocio de Elí, se acercarán a mí y me servirán.”

Pablo escribe, “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio [de manifestar a Cristo] renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad” (2 Corintios 4:1-2). Pablo dice que manifestar a Cristo involucra renunciar a toda deshonestidad y pecado oculto. Para abreviar, estas cosas reflejan la profecía de Ezequiel: Los ministros Sadoc de Dios rechazarán los caminos de Elí, renunciarán a todos los ídolos, se volverán a Dios con pasión renovada, se apartarán para el Señor, y determinarán por reflejar su gloria.

Podemos decir entonces que los sacerdotes de Sadoc son cambiados y llenos de poder al estar encerrados con Cristo. Pasan tiempo de calidad en su presencia. Como resultado, han encontrado su llamado: acercarse a Jesús, y ministrarle en su presencia. ¿Cómo ministran al Señor? La palabra que Ezequiel usa para ministrar es sharath (vea Ezequiel 44:15-16). Quiere decir esperar o servir, y adorar. Para abreviar, habla de una devoción celosa.

Los hijos de Sadoc vienen a la mesa de Dios a ministrarle a él

“Ellos se acercarán para ministrar ante mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 44:15). Note dos cosas que menciona Ezequiel aquí: la grosura y la sangre.

1. La “grosura” representa la mejor parte de una ofrenda. Se refiere al sacrificio animal hecho por los sacerdotes: “Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; vianda es de ofrenda que se quema en olor grato a Jehová; toda la grosura es de Jehová. Estatuto perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna grosura ni ninguna sangre comeréis” (Levítico 3:16-17). La grosura era considerada la parte más selecta del animal sacrificado. Dios estaba diciendo a su pueblo, “Quiero que me traigan lo mejor que tienen para ofrecer.”

Hoy nuestra ofrenda de sacrificio es nuestra adoración y devoción al Señor. Y Dios nos dice, así como dijo a Israel, “Quiero lo mejor de tu vida. No quiero que me des sólo tus horas de fatiga y cansancio. Quiero tu adoración y servicio cuando tu mente y cuerpo están de lo mejor. Quiero lo mejor de todo lo que tienes que ofrecer.”

Para abreviar, ministramos al Señor cada vez que le ponemos de primero. Estamos sirviéndole siempre que nos alejamos de las actividades, deseos y preocupaciones para estar con él – siempre que detenemos todo lo importante y marchamos furtivamente para adorarle – cada vez que ponemos a un lado cada pensamiento y pensamos sólo en él. Esto es traerle la “grosura”, la mejor parte de nosotros. La Biblia incluso llama esta grosura el “pan de Dios.” En otras palabras, estamos alimentando al Señor siempre que le hacemos lo más importante que todo lo demás.

2. La “sangre” de la que habla Ezequiel representa una vida que se rinde a Dios. Significa consagración sin reservas, el rendimiento de nuestras vidas completas. En esencia, ministramos al Señor cada vez que confiamos en el poder de la sangre de Cristo. Y debemos hacerlo así en cada situación y crisis. Como podemos ver, aplicar la sangre de Jesús no es sólo una experiencia de una vez. Es una necesidad diaria. Debemos clamar el poder de su sangre cada vez que necesitemos sanidad, paz mental, limpieza del pecado. En cada circunstancia, debemos pararnos firmemente en las promesas que Dios nos hizo a través de la sangre derramada de su Hijo. Debemos pararnos en sus declaraciones, limpios, redimidos e inconmovibles.

El Señor llama estas ofrendas de grosura y sangre “olor grato” (Levítico 3:16), significando, sabor dulce a sus labios. El Señor prueba este sabor dulce cada vez que le damos a Jesús la “grosura” y la “sangre” de nuestras vidas: rindiendo nuestros cuerpos como sacrificio vivo, y confiando en la sangre de Cristo como nuestra victoria. En realidad, estamos alimentando a Dios con algo dulce a su paladar.

2 Sacerdocio de la tribu de Eli

El otro sacerdocio que Ezequiel ve en los últimos días es el sacerdocio de Elí. Elí era un sacerdote infiel que permitió que la corrupción entrara en la casa de Dios. Fue desobediente a la Palabra de Dios, suave con el pecado, perezoso acerca de la santidad. Y el ministerio bajo su responsabilidad fue corrompido por la sensualidad y el amor al mundo. Los estilos de vida de estos sacerdotes hicieron a los malignos aborrecieran las cosas de Dios y se burlaran de la adoración verdadera. El Señor llamó a este sacerdocio corrupto “…levitas que se apartaron de mí cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras sus ídolos” (Ezequiel 44:10).

Este sacerdocio de Elí representa a los cristianos no comprometidos de estos últimos días. No tienen poder para tocar las conciencias de las personas. Y sus estilos de vida hacen que el maligno se aparte del Señor: “Fueron a la casa de Israel por tropezadero de maldad” (44:12). Estos creyentes carnales van a la iglesia y declaran ser seguidores de Cristo. Hasta creen que son parte de un sacerdocio santo. Pero su conversación y vida perdida son despreciables a los ojos de Dios.

Tenga presente, Jesús nos llama “reyes y sacerdotes para Dios, su Padre” (Apocalipsis 1:6). Y el apóstol Pedro nos recuerda, “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio. Sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo” (1 Pedro 2:9, 5).

El sacerdocio de Elí ministra al pueblo “ante sus ídolos”(Ezequiel 44:12).

Ezequiel nos dice que los sacerdotes en el ministerio de Elí permitieron la contaminación en la casa de Dios (vea Ezequiel 44:7). “Extranjeros, incircuncisos de corazón,” trajeron ídolos abominables dentro del santuario. Y los sacerdotes “sirvieron (a las personas) delante de sus ídolos” (44:12). Esto significa que los pastores aprobaban la idolatría de las personas. Estos sacerdotes pusieron al pueblo de Dios realmente a gusto en su pecado.

Este asunto de “ministrar delante de los ídolos” debe dar un tiro certero con cada cristiano. Como podemos ver, nuestros hogares deben ser santuarios santos donde el Señor es exaltado. Y ningún ídolo o abominación deben permitirse en ellos: “y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema” (Deuteronomio 7:26).

Hay que manifestar a Cristo. Y es evitar volverse un Elí que fue suave con el pecado. Dios dijo de este sacerdocio, “No se acercarán a mí para servirme como sacerdotes, ni se acercarán a ninguna de mis cosas santas, en lugar santísimo” (Ezequiel 44:13).

3. Diferencias entre los sacerdocio

Pablo advirtió de dos evangelios diferentes: El evangelio de Cristo y “otro evangelio.” Dijo que aquellos que manifiestan este “otro” evangelio habían sido hechizados. En alguna parte del camino, se apartaron de la verdad. Quizás se aferraron a un ídolo o se aferraron a un pecado secreto. Y ahora sus vidas comprometidas hacen que las personas rechacen su testimonio.

el sacerdocio de Elí: No tiene autoridad espiritual. Y a su vez, no tiene respeto. Podría sermonear a sus hijos, o amenazarlos, o intentar exigir obediencia. Pero está gastando su aliento. Todo es en vano.

Vemos esto ilustrado en la vida de Elí. Elí tenía dos hijos llamados Ofni y Finees que también servían como sacerdotes. Dios llamó a estos hombres “hijos de Belial,” o hijos del diablo. Tenían el atrevimiento de fornicar con las mujeres a la puerta del templo. Hasta traían a las prostitutas dentro de la casa de Dios. Pero Elí nunca trató con sus hijos acerca de su pecado. Nunca les habló más que una palabra vacía de precaución. Después de todo, él sabía que cualquier cosa que les dijera era en vano, debido a su propia pereza espiritual.

Pero por su parte los hijos de Sadoc, no Buscan Su Propio Beneficio Personal, no usarán los dones del Espíritu, ni su ministerio adjudicado por Dios sólo para beneficiarse a sí mismo, ni para ocuparse tan solo de su salvación. Usará los dones únicamente cuando el Espíritu Santo los guíe y dirija.

Cuando Jesús estaba en la cruz, uno de los escarnios que le fueron dichos fue éste: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar” (Mt 27:42). Jesús nunca usó Su ministerio para servirse a Sí Mismo, ni para su propio bienestar. Él no pudo salvarse a Sí Mismo de la cruz.

Estaban dispuesto a padecer sufrimientos y dificultades a fin de cumplir el ministerio que Cristo le ha dado. Esa era la actitud que el Apóstol Pablo tenía,“por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co 12:10).

Cada ministerio que honre a Cristo, tendrá esa misma actitud “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil 2:5).